Lisboa Madrid Proyecto Conciencia Global: La iniciativa científica que pretende demostrar la existencia de una mente universal
Janeiro 2010 / Enero 2010 Destacado: Horas antes de los atentados de las Torres Gemelas los ordenadores detectaron una alteración fuera de lo normal en los habitantes de los cinco continentes Se cuenta que días antes de que el tsunami arrasara la costa asiática en 2004 y se cobrara la vida de miles de personas, los animales empezaron a huir en desbandada de la zona. Con sucesos como este solemos dar por hecho que los animales poseen una sensibilidad especial que les hace, cuando menos, percibir anomalías terrestres. ¿Posee también el hombre esa cualidad? Es más, ¿Es capaz asimismo de interactuar con el resto de la humanidad? En definitiva, ¿Existe una conciencia colectiva? Carl Gustav Jung estaba convencido de ello. Lo llamó inconsciente colectivo, y lo definió como un lenguaje común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón. Siguiendo un paralelismo, es lo que en esoterismo se denomina archivo akásico, el registro en el éter de todo el saber y el sentir de la humanidad a lo largo de su historia. Ya en la ciencia está la teoría del entrelazamiento cuántico de Einstein, Podolsky y Rosen, que viene a decir que, sin saber cómo ni por qué, todos los sistemas de partículas se influyen mutuamente sin importar la distancia. En 1998 la universidad de Princeton puso en marcha el Proyecto Conciencia Global para comprobar si de alguna manera nuestras conciencias están conectadas y responden a los mismos estímulos extrasensoriales. Así, más de 40 países colaboran en todo el mundo con una red de ordenadores que toman minuto a minuto el pulso al planeta. El estudio se basa en la interacción entre el mundo emocional del hombre y la aparente objetividad de las computadoras. Su impulsor, Robert Jahn, decano de la Escuela de Ingeniería y Ciencia Aplicada de Princeton, programó en 1979 un ordenador para que emitiera sucesivamente una secuencia de ceros y unos de forma totalmente aleatoria. Frente a la máquina situó a una persona con una consigna: concentrarse hasta el punto de que sus ondas cerebrales modificaran la cadena de números. La estadística del azar dice que en este caso el porcentaje de ceros y unos tiende a la larga a ser el mismo. La consecuencia fue la aparición masiva de unos en la pantalla y con ello la base científica para poder extrapolar la idea a escala mundial. Así, más de sesenta ordenadores en el mundo emiten simultáneamente la misma secuencia binaria que les transmite el ordenador central de Princeton, desde donde se analizan las posibles alteraciones y se las relaciona con uno u otro suceso, dependiendo de si la variación es local o global. Cuando esto sucede, hablan de que se ha producido una señal. Y, efectivamente, una fecha hizo ganar fama mundial al Proyecto Conciencia Global y de paso sembrar la inquietud en el panorama científico. El 11 de septiembre de 2001. Cuatro horas antes de que el primer avión se estrellara contra las Torres Gemelas de Nueva York, los ordenadores emitieron unos y ceros a la vez masivamente, lo que a la postre ha significado el pico más alto que se ha registrado en los once años que lleva en marcha esta iniciativa. Para los promotores del proyecto, esta señal no fue fruto de la casualidad, sino más bien confirmó su certeza de que los hombres pertenecemos, en sus palabras, a un campo de conciencia en el que somos capaces de preconizar sucesos de gran alcance, e incluso hacerlo a nivel colectivo. Tomando como cierta esta premisa, se plantea una pregunta más, ¿Nuestra conciencia se sincroniza y anticipa al mismo tiempo un suceso, o quizás esta premonición se propaga de un primer grupo que la intuye al resto del globo según vaya a ser su impacto emocional? Los ataques a las Torres Gemelas fueron un hecho local que sin duda convulsionó a todo el planeta. También se detectaron importantes fluctuaciones binarias en los atentados del 11-M de Madrid y del 11-J en Londres. Y lo mismo ocurrió con los funerales de Diana de Gales, Teresa de Calcuta y el papa Juan Pablo II, y sigue ocurriendo por ejemplo cada año en Nochebuena y Fin de Año, con lo que podemos deducir la importancia que tienen los acontecimientos de índole emotiva en la psique humana, sean negativos o positivos. Si el impacto de los primeros es mayor, lo podemos atribuir quizás a la necesidad de supervivencia.
Paplo Arzón Garcés
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